<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-16582217</id><updated>2011-11-10T20:52:35.417-05:00</updated><title type='text'>Comida Quemada</title><subtitle type='html'>Atrocidades pasan diariamente en el mundo en que vivimos, y si nos referimos a la vida del "Chico del Ventanal"(apodado de esta manera porque le faltan los cuatro dientes incisivos superiores), se demuestra que este es un Mundo de atrocidades. Lo increíble es que se las puede tomar de un modo ameno y alegrarse al contarlas.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://leyescrita.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://leyescrita.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>leyescrita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00578123093872140867</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>6</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16582217.post-113513500333675811</id><published>2005-12-20T22:16:00.000-05:00</published><updated>2005-12-20T22:26:16.883-05:00</updated><title type='text'>“Una finta a la realidad” (Final)</title><content type='html'>-Hola papá, te llamaba para…&lt;br /&gt;-…ah, hijo, eres tú, creo que en este momento estoy bastante ocupado.&lt;br /&gt;-Entonces supongo que no vas a…&lt;br /&gt;-…supones bien, pero tampoco creo que te haga falta, tú eres bueno.&lt;br /&gt;-Lo que tú digas, pero me hubiera gustado que me veas.&lt;br /&gt;-Las ocupaciones llaman hijo, y los negocios no se pueden quedar atrás.&lt;br /&gt;-Bueno padre, entonces te dejo.&lt;br /&gt;-Bueno hijo, hasta luego nomás.&lt;br /&gt;-Chao… tu…tu…tu… papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerró el teléfono con dos dedos y, a la par, su barbilla y su mano dejaron de estar en lo alto y cayeron hasta golpear con el pecho y la pierna, respectivamente. Su cara había cambiado completamente. La posición permitió que su mirada, llena de furia, se topara con una hormiga que caminaba por el entablado. No la atacó, pero la siguió con esa mirada furibunda, lo que era peor. La hormiga caminaba indecisa, pero recto, y caminaba sin detenerse. Caminó y se topó con unos zapatos negros que tenían suelas amarillas y estaban muy bien amarrados. No fueron un estorbo, recorrió su plástico, su fibra sintética, y se metió en el mundo incierto de los cordones hasta cruzar el zapato y toparse con unas medias blancas que estaban muy bien estiradas y entre las que se colaban unos vellos negros. La superficie no pareció complicada porque la hormiga continuó su camino en medio de esa selva de vellos y pelusas y no paró cuando se acabó la media y empezó un pequeño trayecto de vellos y piel. Lo cruzó hasta encontrarse con un pantalón de fibra blanca que era muy similar a un pescador y que tenía un resorte en su parte inferior para quedar unido al muslo, formando un bombacho en el punto en que se adhería al mismo. La hormiga trepó el bombacho, manteniendo la línea recta en esta áspera superficie en la que sus patas lograban engancharse perfectamente. Paso a paso se veía a la hormiga andar más rápido, caminando con seguridad y moviendo sus antenas con alegría. No cesaron de moverse hasta que dio su siguiente paso. Sobre la negra coraza de la hormiga se observó un reflejo dorado-plateado. Sus patitas temblaron cuando se hundieron en un entrelazado de hilos de aluminio. La textura metálica causó que perdiera la estabilidad y se resbalara. Se levantó con cuidado para no resbalar en el intento y procuró dar el siguiente paso con cuidado. La vestidura se expandió y la hormiga se agachó mientras sentía como se volvía a contraer y expandir con un ritmo continuo. Permaneció agachada por un momento hasta que se volvió a sentir segura. De inmediato dio unos pasos en ese mar de contracciones y expansiones de la superficie sobre la que caminaba. De esta manera retomó la línea recta, encontrando seguridad para caminar sobre esas vestiduras. Esta determinación le permitió ascender por todo el tronco. Llegó al hombro y en este punto paró, se observaba la dificultad de saber que hacer cuando se explora sin ver ni un milímetro de lo que se está explorando. Las antenitas se movían como látigos de domador de leones. No descuidó ningún movimiento del pequeño insecto y siguió toda su trayectoria con cuidado. En ese momento lo miraba muy de cerca, tan cerca que el aire exhalado estaba afectando la estabilidad de la pequeña hormiga. Las antenas pararon y la hormiga viró a su izquierda y emprendió una carrera en busca de escapatoria ante aquél torbellino. Pronto llegó al punto en que el hombro y el antebrazo se juntan. Por esta razón dejó atrás la chaquetilla y sus patitas disfrutaron al sentir una vez más la fibra. Su seguridad fue indudable, dejó de bajar en línea recta y optó por bajar a toda velocidad rodeando la superficie del músculo del brazo. Ágilmente estaba en el codo y tan velozmente lo pasó que no se enteró de su existencia. Estaba endiablada y no hubiera parado si no se hubiera encontrado con un cambio de altura. El guante de espada empezaba en la mitad del antebrazo y la hormiga, ya liberada del torbellino, buscó con paciencia el punto por el que fuera más fácil llegar a su superficie. Pronto lo trepó; no tardó mucho en sentir el cuero sintético, esa especie de cuero volteado donde sus patitas se sentían seguras aunque su barriga no lo hiciera igual a causa de las pelusas que raspaban con su vientre. Siguió caminando, pasó de un color grisáceo, que en partes se encontraba sucio, a un color celeste. La cosa cambió, había llegado a la mano, esta empuñaba un arma y el caminar por el metal le daba inseguridad. Pronto ya se había trepado en la empuñadura, caminaba rápido y procuraba fijar sus patas apenas resbalara. Al final de la empuñadura se topó con una pared circular muy grande que estaba cubierta por un plástico rojo, se agarró fijamente del plástico y trepo segura hasta el tope de este círculo. Inmediatamente perdió el control de sus patitas y  resbaló, como si resbalara por una resbaladera, por el lado descubierto de la cazoleta. Aunque no lo sintiera, la mirada continuaba siguiéndola, razón por la que el brazo se movió para que la punta del arma topara con el suelo. El golpe fue fuerte y la hormiga resbaló y cayó en el canal por el que pasa el cableado. Cuando se paró se sintió segura otra vez. Aceleró una vez más el paso, sintiendo la goma que recubre el cable. No duró mucho, al llegar a la punta se encontró con una superficie menos firme, recubierta de taipe negro. La recorrió acelerada y se encontró otra vez con un obstáculo metálico. Lo trepó con dificultad, y se paró en lo alto del mismo. La superficie tenía una forma circular y las patitas no pudieron agarrarse por lo que resbaló hasta caer al piso patas arriba. Él no la había dejado de seguir, dobló el brazo rápidamente y apuntó al techo. Sostuvo el arma con firmeza y estiró el brazo hasta formar un ángulo de sesenta grados con el cuerpo. En ese ángulo el brazo paró inesperadamente y la fuerza del movimiento causó que la hoja forme un arco y que la punta del florete aplaste a la hormiga rápida e inesperadamente. ¡Un coupe perfecto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A mi derecha Tobías Kingston y a mi izquierda Ernestino Noritake, ¡A la pista!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Se identificó con el primer nombre, cogió su máscara y se encaminó a la pista. Al llegar, puso su máscara y su arma en el suelo metálico de la pista y desprendió un cable del carrete que se encontraba al lado de la misma. Este cable sirvió para conectar aquél que salía por debajo de su chaquetilla y su chaqueta, en su espalda. Lo conectó e inmediatamente procedió a recoger su arma y conectarla con el otro extremo del cable, aquél que salía por su guante. Se consideró listo, recogió su máscara y se dirigió a la mitad de la pista. Observó al juez, a los asistentes, y por último, a su oponente. No era alto, tenía la tez morena y unos ojos achinados. Profesó nervios pero prefirió pensar en que sería un rival fácil. Su rival parecía tener problemas, estaba cambiando de cable. Miró cada movimiento para realizar este cambio y sintió cómo perforaba su psicología, lo debilitaba, y la desesperación lo invadía. Sentía las ganas de acabar con él rápido y de perforar su cuerpo a floretazos. A pesar de todo, prefirió pensar que estaba tranquilo y listo para la pelea. Al final de lo que pareció un largo rato, el pequeño de la tez morena estaba listo y se encaminaba hacia la mitad de la pista. Pronto los dos estaban más cerca y se miraban fijamente. Tobías se perfiló, sus pies se acomodaron formando una L. Su brazo izquierdo lucía relajado. Y su brazo derecho sostenía el florete firmemente y estaba atravesado de tal manera que la punta del mismo se encontraba del lado izquierdo, apuntando hacia atrás y al suelo. Miró al juez y observó la señal del mismo para que se realizara el saludo. Inmediatamente movió el florete hasta que se formara una línea perfecta entre este y su brazo, apuntando a su rival, acercó a su nariz la casoleta y realizó el mismo movimiento para el juez  y el público, luego levantó su brazo en lo alto y lo bajó hasta retornar a la misma posición con un latigazo.  Al mismo tiempo, su oponente terminaó de saludar y los dos se acercaron para probar sus respectivas armas. La prueba no delató problema alguno y los dos retornaron a sus puestos. Cuando pisó la línea que dejaba en claro su punto de partida se acordó de su padre. Su mirada se enfureció una vez más mientras cubría su rostro con la máscara de protección. Una vez protegido pensó que la posición debía ser perfecta y partió de la posición inicial en forma de L. Retiró su pierna izquierda hacia atrás hasta el punto en que la sintió cómoda y fija. Elevó su florete y acomodó su brazo derecho de tal manera que se formara el ángulo con el que apuntara la frente de su oponente. Y formó una L en lo alto con su brazo izquierdo, pero relajando su mano. Pensó: “en guardia y listo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Prêt&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Aller!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Un Mitsubishi Montero Negro del año frenó a raya frente a una  anciana de cabello blanco y ojos achinados que emitió un grito sordo al observar un carro tan grande y negro acercarse a su cuerpo de esa manera. Se escuchó un golpe hueco cuando la viejita cayó al suelo a causa de un desmayo. El jeep dio retro unos pocos centímetros con un agudo chirrido, volvió a frenar fuertemente y salió derrapando para abandonar el lugar. Los vidrios del carro eran oscuros y las placas parecían haber desaparecido. Los parlantes retumbaban en su interior al son de un reggaetón y  las llamas rojas pintadas en sus puertas llamaban la atención a los transeúntes. En el siguiente semáforo le pitó a una señora antes de que este cambiara de color, la misma le sacó el dedo mientras maldecía al conductor. Y una cuadra más tarde se pasó un semáforo en rojo adelantando la infracción con un pito de luces que fue inútilmente respondido con el pito de un policía. Media cuadra más adelante paró en el banco y se cuadró para parquearse de retro. Apenas puso el retro el carro entonó la canción de Pedro el Escamoso como aviso de esta maniobra.  Pero cómo las plantas no escuchan se metió a la jardinera. De inmediato el guardia le ayudó a rectificar su parqueo se parqueó entre las líneas. Se dejó de escuchar el aviso de retro, el reggaetón se calló, y una mano salió por afuera de la ventana para abrir la puerta. Cerró la ventana  y abrió la puerta. Era pequeño, lucía bastante fornido en el tronco y vestía un terno negro, camisa morada y corbata plateada. Usaba unas gafas ray ban y una cadena de oro en su mano derecha. No tenía mucho pelo, pero lo poco que le quedaba estaba engomado con gel y peinado hacia atrás. Se bajó del carro y, una vez que pisó el suelo, cerró su celular con las dos manos. Se ajustó la corbata y su cuello se arrugó un poco más. Ajustó una identificación de su empresa que resaltaba su título de Gerente Ejecutivo y su nombre, José María Kingston. Se miró en el espejo del carro, le hizo un guiño y se limpió un incisivo. Cerró la puerta del chofer y abrió la puerta del equipaje, sacó un maletín y la volvió a cerrar. Se abrochó el segundo botón del terno, miró sus zapatos y se dirigió al Banco. Cuando ya había dado unos pasos la alarma de su carro se activó, las guías parpadearon y se escucharon dos pitidos. Subió las gradas y la puerta del banco se abrió sola. Apenas cruzó la puerta el fuerte frío del aire acondicionado le paralizó un instante. Se dirigió al lugar donde se encuentran las papeletas, buscó una papeleta de retiro y llenó todos los datos sin dudar. Se dirigió a la cola y se ubicó atrás de una señora de cabello casi blanco. Su aspecto le dio terror. Pensó en lo desagradable que resultaba hacer cola en el banco. Un señor con orejas muy grandes fue llamado a la ventanilla tres. La señora de cabello blanco se puso más tensa ahora que era la siguiente en pasar a la caja. Poco después le llamaron a la ventanilla cinco. Sostuvo el maletín fuertemente y dio el paso que había ganado. De inmediato le llamaron a la ventanilla dos. Saludó con la señorita. Colocó el maletín en el suelo y le pasó la papeleta. Ella dudó al ver la papeleta, pero poco después le pedía el maletín para depositar ahí el dinero. Esperó diez minutos y le devolvieron el maletín. Procuró no contar el dinero, pero abrió ligeramente el maletín para constatar que no estuviera vacío. Habiendo verificado lo contrario se dirigió a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Recordó a su padre una vez más y empezó a estudiar los movimientos de su rival. Probó su velocidad, pero no pudo obtener muchas pistas de cuan veloz pudiera ser. De inmediato examinó sus paradas, y se dio cuenta de que paraba bastante bien, pero que era un tema en el que se podría adentrar más para encontrar debilidades. Y por último, observó el movimiento de piernas y la habilidad para adelantar y retroceder. El estudio fue fructuoso, aunque pareciera que no, porque delató la desesperación de su rival por hacerle un punto. Tobías observó que su rival lo buscaba por todos lados, y cayó en cuenta de que podría despistarse con su propia medicina. También observó que retroceder le resultaba complicado y que avanzar era su fuerte. Y que, si bien la velocidad de ataque era buena, la velocidad de defensa no lo era en el caso de que le tocara mover sus piernas para protegerse. Por lo mismo, recurrió a una última prueba, observar la eficiencia defensiva en el cuadrante superior izquierdo del pecho. Como lo esperaba, no muy buena, tenía una buena parada para proteger el cuadrante inferior izquierdo, pero no una buena parada cuando se trataba de lo superior. Formuló el plan de ataque y pensó en su papá, la furia quemaba la piel de su cara. Atrajo a su rival, le permitió ganar un poco de distancia, dio dos pasos pequeños y rápidos hacia atrás, estiró su brazo y emprendió una carrera atacándolo por su derecha, a manera de finta, y pasando el ataque al lado izquierdo cuando trató de pararlo. Inmediatamente el arma estaba topando el cuerpo de su rival en el lado superior izquierdo del pecho. La carrera causó que la hoja se rompiera y pronto Tobías estaba atravesando las costillas de su rival con el florete y lo que había sobrado de la hoja rota.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            Observó la puerta del banco, tragó fuerte, se ajustó la corbata y la identificación y abrió la puerta sosteniendo el maletín con firmeza. Dio tres pasos muy seguros y llegó a las gradas. Cuando puso el pie derecho en la primera grada su oído detectó un fuerte sonido que reconoció rápido por las experiencias de su pasado. Un fuerte golpe impactó su pecho y cayó de espaldas al suelo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16582217-113513500333675811?l=leyescrita.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://leyescrita.blogspot.com/feeds/113513500333675811/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16582217&amp;postID=113513500333675811&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/113513500333675811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/113513500333675811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://leyescrita.blogspot.com/2005/12/una-finta-la-realidad-final.html' title='“Una finta a la realidad” (Final)'/><author><name>leyescrita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00578123093872140867</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16582217.post-113513477645069919</id><published>2005-12-20T22:10:00.000-05:00</published><updated>2005-12-20T22:12:56.470-05:00</updated><title type='text'>Y Nos dieron el Martillazo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;“No sé porqué me toca pero me toca y es por algo que me toca”&lt;br /&gt;(Roque Albuja)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Observó una vez más en su vida a los obreros colocar esas placas metálicas blancas con pequeños agujeros redondos sobre la estructura del edificio del congreso nacional. De inmediato bajo la vista y observó a un diputado del Prian salir del edificio hablando por su celular. Los policías de la caseta de la entrada jugaban póquer y escuchaban un regatón de esos que elogian fuertemente al género masculino. Un albañil salió por la puerta principal del edificio cargando una columna de acero. Bajó las gradas cargando el pesado metal y casi cae en la última grada. Logró estabilizarse y continuó caminando con el peso encima y con pasos bastante irregulares. Cerca de la caseta de los policías tropezó y cayó al suelo. La columna cayó con él y la punta de la misma golpeó contra el vidrio de la caseta. Los policías no tuvieron tiempo para reaccionar, los billetes de la apuesta se ensangrentaron.&lt;br /&gt;            Se encontraba parado en la vereda que se encuentra frente a la puerta principal. Vestía unos zapatos grises de indor, un blue jean del color más oscuro y una chompa azul que era más clara y que tenía una capucha. No llevaba gorra, ese día se había peinado bien. Su maleta estaba liviana pues no había ido a la universidad. Llevaba el discman, un cuaderno, una agenda y un porta documentos. Había ido al ministerio de trabajo a buscar un acta de finiquito. Ya la había encontrado y se disponía a retornar a su casa cuando observó el incidente.&lt;br /&gt;            Estaba asustado y no supo que hacer, decidió alejarse de la escena y no quería seguir caminando hacia el oeste. Giró completamente y se dirigió al este. Empezó lento pero cuando recordó la última cara de uno de los policías se espeluznó y empezó a correr. Buscaba escapatoria y al llegar a la esquina se encontró con una puerta que estaba abierta. Entró sin dudarlo y subió unas gradas de cemento hasta encontrarse con la puerta de la casa. Cruzó la puerta y subió por unas gradas de madera que rechinaban fuertemente con cada paso que daba. Durante el trayecto de subida una bandera de Cuba pegada en una cartelera atrajo su atención. Cuando llegó al primer piso todavía se sentía desesperado por lo que continuó subiendo las gradas en busca de un refugio. El siguiente tramo de gradas ya no era de madera, este tenía un suelo de baldosa. Al subir se encontró con una pared roja que tenía pintada en color negro una hoz que estaba cruzada por un martillo. Sudó, un escalofrío recorrió su cuerpo. Terminó de subir las gradas y encontró un rincón en el que apoyó su espalda en la pared para caer sentado con ayuda de este apoyo. Recordó la sangre, se desmayó.&lt;br /&gt;            El presidente se llamaba Condorito Maximiliano Stewart Wilson. Cuando fueron a registrarlo en el registro civil el secretario insistía en que a un niño no se le puede poner cuatro nombres. Sus padres trataban de explicar que los últimos dos eran sus apellidos con pocos resultados porque el secretario se empecinaba en creer que esos apellidos no existían. Pero aceptó al constatar en la guía telefónica la existencia de esos apellidos. Mientras tanto los padres le mostraban sus cédulas insistiéndole que eran necesarias para el trámite. Pero el insistía en que había que modernizar el Estado para agilitar los procesos. Lástima que fuera tan ágil como para demorarse media hora en esta tontera. Don Cóndor le decían al presidente y pocas veces alguien le daba un buen apretón de manos. Generalmente le saludaban de un golpe de manos. Eso fue lo que hizo cuando llegó a las juventudes comunistas, saludar a todos con un golpe de manos. Se ganó a sus compañeros con una gran cantidad de palabrería y pronto fue el presidente de las juventudes. (Muchos dicen que podía manipular las mentes porque en cuatro meses ya manejaba la movida de los comunistas, pero la gente habla muchas cosas cuando no puede explicar algo.) No tardó mucho en ser Concejal de Latacunga, Alcalde de Latacunga, Prefecto de Cotopaxi y Diputado por Cotopaxi. Se había ganado a la provincia promoviendo sus pensamientos comunistas y el ataque al régimen de los Estados Unidos. No se vestía como todos los políticos, había adquirido un atuendo de estilo rastafary en el ejército de salvación. No dejaba de usar su bóxer favorito amarrado en su muñeca derecha y le encantaba cubrir su mano izquierda con un calcetín. Decía que se vestía de esa manera para estar al mismo nivel del pueblo. Le importaba mucho que no consideraran su poder. Había sido abusivo, se sabía que estaba manejando varios negocios ilícitos de lavado de dinero. Inclusive las declaraciones de sus hijas habían acabado con su reputación. Las tres habían estado de acuerdo en decir que su padre había abusado de ellas al menos en una ocasión.&lt;br /&gt;            Antes de su elección los problemas de inestabilidad en el poder habían invadido la patria. Por este motivo los partidos políticos habían llegado a un acuerdo mediante el que no permitirían que se derroque a un presidente por pedido del pueblo a menos que las fuerzas armadas le retiren su apoyo. De Condorito no se sabía como mantenía el apoyo de las mismas. Lo probable es que haya sido a cambio de proteger a un notario que les pagaba intereses muy altos al 90% de los miembros de las mismas. Y con billete en mano nadie se quejaba. En especial el poder judicial, que también parecía estar beneficiado por este ilícito. Los únicos que se quedaban fuera del festín eran los diputados, pero problemas no existían porque había una fuerte mayoría comunista ocupando el Congreso. El pueblo sufría, los precios subían y el petróleo del Ecuador estaba siendo robado por empresas fantasmas, a decir de los expertos, pertenecientes al mismo presidente. Las cosas no funcionaban y las protestas no lograban nada porque la política había unido sus fuerzas de tal manera que se puedan llenar los bolsillos fácilmente.&lt;br /&gt;            En estas condiciones surgió un líder de los movimientos universitarios, tenía 17 años, había estudiado en Ambato y le conocían como LULO. Era moreno, gordito, llevaba un arete en su oreja izquierda y le gustaba peinarse con mucho gel y poco orden. LULO reunió al pueblo que estaba arto de protestar por dos años seguidos sin lograr nada. La cifra superaba los 2000 muertos, las fuerzas del orden estaban más reforzadas cada día y los gastos del sector público se estaban desviando para protección del presidente. Pero estas fuerzas no esperaban otro ataque que aquél dirigido al presidente.&lt;br /&gt;            Cuando despertó se encontraba acostado en una mesa. Esta se hallaba en medio de un salón lleno de sillas con espaldares y asientos rojos. Las paredes estaban llenas de fotos del Che Guevara, de Lenin, de Stalin y de Marx. El martillo y la hoz también figuraban por todos lados. Y la bandera del Ecuador engalanaba la pared más grande. Se cogió la cabeza, se acordó de los policías, sintió la injusticia social y se levantó. Sintió que sus pies se torcerían como los del albañil que había causado el accidente. Esperó un momento a que la Tierra dejara de moverse ante sus ojos y caminó en dirección de una oficina que daba a la calle. Cruzó la puerta y observó tres hombres. Dos de ellos se encontraban sentados frente a él. El primero era calvo, de piel café y llevaba unos lentes ligeramente ovalados y se parecía a Julio Ibarra, su profesor de cálculo. El segundo era más joven y llevaba unos lentes de un modelo más moderno. Estaba sentado con su pierna cruzada y lo miraba diagonalmente porque su negro sillón no estaba recto, estaba diagonal. Este se parecía a Hurtado. Y el otro hombre vestía un terno azul marino, idéntico al azul de la bandera de Cuba. Se encontraba sentado a su derecha, en otro escritorio. Su barba era larga y cana y su piel parecía haber tenido un fuerte contacto con el sol. Este se parecía a Fidel Castro.&lt;br /&gt;            Saludó y le saludaron. Las palabras se formaban en su mente y se transformaban en lo que su corazón quería decir. De repente, y sin haberlo esperado les pidió a los caballeros los requisitos para militar en aquél partido político. Momentos atrás moría de miedo de encontrarse en ese edificio pero en ese momento sabía lo que estaba haciendo. Los hombres no dudaron, le pidieron la cédula, llenó el formulario y respondió unas pocas preguntas sobre sus conocimientos del comunismo, en especial con respecto a Marx y las revoluciones rusa y cubana. Fue rápido, con los menores problemas posibles. Firmó su aceptación de pertenecer al partido. Y cuando levantaba el esfero se escuchó como el vidrio principal de la oficina se rompía en mil pedazos.&lt;br /&gt;            Un objeto en llamas cruzó el ventanal y rebotó en el escritorio del hombre calvo para caer posteriormente a los pies del nuevo limitante. Ese día habían limpiado el suelo con diesel, todo el piso se encendió y los papeles que se encontraban en el suelo se empezaron a prender. La desesperación lo invadió, no supo que hacer y salió corriendo, bajó las gradas rápidamente. Un grito de arriba le advirtió que no podría salir porque afuera le esperaba una turba enardecida. Fue un grito tardío porque en la 8va grada había tropezado. Su cabeza golpeó contra la baranda y su cuerpo dejó de funcionar de igual manera que deja de funcionar un celular al que se le acaba la batería.&lt;br /&gt;Roque Albuja&lt;br /&gt;25/11/05&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16582217-113513477645069919?l=leyescrita.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://leyescrita.blogspot.com/feeds/113513477645069919/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16582217&amp;postID=113513477645069919&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/113513477645069919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/113513477645069919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://leyescrita.blogspot.com/2005/12/y-nos-dieron-el-martillazo.html' title='Y Nos dieron el Martillazo'/><author><name>leyescrita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00578123093872140867</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16582217.post-113217857769596884</id><published>2005-11-16T16:58:00.000-05:00</published><updated>2005-12-20T22:15:16.306-05:00</updated><title type='text'>Pasos Inciertos (Final)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Su camiseta blanca estaba rota y manchada de sangre en aquél lugar de su pecho, el lado izquierdo de su quinto espacio intercostal. En el interior la sangre brotaba de la herida cada vez que respiraba y su pecho se expandía. Parecía una herida profunda y se podía deducir al verla que alguien le había atacado con un cuchillo. Del cuello llevaba una placa que decía Cabo Juan Piguabe. De cabo solo le quedaba el pantalón y las botas. No llevaba un arma y estaba sin chompa, su casco había desaparecido y su mochila también. Era un hombre moreno, bastante despeinado y no muy alto. Su cara presentaba una serie de arrugas, sus ojos eran grises y sus orejas lucían grandes en una cara con rasgos muy finos. Sus labios estaban apretados, se sentía la dureza del movimiento y la resistencia que le daba en esa situación. De su nariz entraba y salía el aire muy difícilmente, incluso sentía la sensación de que no podría respirar más. Pero seguía respirando y dando pasos débiles con su cuerpo encorvado y sus brazos flotando indecisos por los dos lados. Quería llevarse las manos a la herida pero algo le detenía al intentarlo. En ocasiones paraba, miraba a su alrededor, dudaba un momento y continuaba. Tenía sed, buscaba un río.&lt;br /&gt;Recordó el instante de la apuñalada, se acordó de su enemigo, y trató de recordar el dolor sentido cuando el puñal ingresó a su cuerpo. No pudo. Sabía que su mente de soldado estaba impidiendo cualquier expresión de dolor pero estaba conciente de que este era insoportable. Se preguntaba como seguía dando pasos. Estaba preparado para una caída. Sabía que en ese bosque las raíces de los árboles estaban expuestas. Estaba conciente de que ya había escapado de caer tres veces. Había perdido el sentido de la orientación y no tenía idea de donde estaba. La sangre de su pecho le aterrorizaba y quería limpiarla. El dolor aumentaba y sentía que su vista dejaba de funcionar. Le preocupaba que pronto su cuerpo dejara de trabajar. Esto le atormentaba y, aunque no caía en cuenta, estaba acelerando el paso. Quiso soltar una queja pero sus labios se apretaron más aún. Dejaba huellas profundas con sus botas de soldado en la tierra del bosque. Los árboles quedaban atrás y de la misma manera sus hojas y el sonido del viento al rozarlas. Los troncos cambiaban de formas y grosor aunque los tamaños parecían no diferir Eran árboles altos y su especie no se podía definir porque las hojas estaban ya muy alto para determinar su tipo. Cada paso lo guiaba hacia la cumbre de una pequeña colina. En un mejor estado se hubiera puesto a dilucidar sobre lo que estaba atrás de la misma y hubiera pensado que era una pérdida de tiempo lo que hacía porque se frustraría al llegar a la cumbre y ver que lo esperado no se cumplía. Tropezó con una raíz, su pie perdió el control, y cuando parecía que iba a caer una fuerza in entendible impidió el colapso. Le agradeció a aquél Dios que no tenía nombre pero en el que creía y le pidió que le guiara a un río. Su boca estaba seca, no aguantaba la sangre. Coronó la colina y sintió un cansancio que desapareció cuando observó que, no muy lejos, había una choza. Suspiró fuertemente y de la herida brotó una gran cantidad de sangre que salpicó y cayó al suelo. El dolor aumentó y las manos no tuvieron otra opción que reaccionar y coger la herida. Sintió que se desmayaría, que su cabeza perdía el equilibrio y que sus ojos perdían la vista. Una caca de pájaro le cayó en la frente, no sintió ni la textura ni la temperatura del desecho. Parecía que todo se había congelado y Juan se quedaría ahí parado sin moverse más. Sintió que caería al suelo y se quedaría tan cerca pero tan lejos de salvarse. Buscaba fuerzas pero el dolor le vencía, su pecho era el punto por el que todo su ser se marchaba, y su herida la causa de que el soldado fuerte no pudiese moverse. Pensó en su familia. Se acordó de su hijo Juan que tenía 5 meses y que estaba con su querida esposa Julia. Lo que más deseaba en ese momento era imposible, tenerlos a su lado para así saber que todo estaría bien. Sintió que alguien le tomaba de la mano. Era una mano pequeña y su piel estaba fría, delatando juventud. Era muy suave y se sentía el poco contacto que había tenido con el mundo. No así la mano de Juan que era bastante tosca y que tenía una serie de callos que cubrían la palma, de donde salían unos dedos deformes. Entre manos diferentes hubo un contacto muy fuerte. Juan pensó que podría ser su hijo que ya había crecido. Caminó guiado por el desconocido, pero sin regresar a verlo. Se sorprendió de que su cuerpo pudiera dar pasos todavía. No sabía como se estaba moviendo. Lo único que le atraía en ese momento era la sensación de acercarse a la choza. A cada paso su visión cambiaba. Sentía como si fuera una película en la que la cámara se acercaba más y más a la escena del crimen. Enfocó la choza pero quiso acercarse para poder distinguir sus rasgos. El tiempo dejó de existir; los ojos de Juan parecían ser lo único que le quedaba, y fueron lo único hasta que llegó a la puerta de la choza. La mano le soltó. Y mientras escuchaba los pasos de ese cuerpo alejarse se desplomó impidiendo con sus manos el golpe completo. De esta manera quedó en una posición de gateo. Su herida escupió una vez más y sintió que en su garganta algo estaba estorbando y ejerciendo presión. Le dolía el pecho. No lo pudo aguantar, vomitó. Una cantidad inmensa de coágulos acompañados con sangre que todavía no había coagulado empezó a abandonar su boca. No lo entendía, no sabía que pasaba, el no recordaba otra herida. Se sintió derrotado, débil, humillado. Miró el suelo y se sintió un volcán en erupción, la sangre salía de su interior fuertemente. Los coágulos rozaban su garganta al salir y sintió que esta le empezó a arder. El fluido también salía por su nariz por lo que percibía el sabor, sintiendo asco. Ese sabor a sangre combinado con todas las sensaciones causadas aumentó la repugnancia. Pronto terminó de vomitar y, a causa del vómito, buscó la manera de levantarse sin mancharse con ese líquido desagradable. Todo su cuerpo se quejó, sintió que sería la última vez que se pararía. Una vez parado se dio cuenta de que no necesitaba tener otra herida, le habían atravesado el pulmón. La puerta de la choza estaba abierta. Al entrar sus ojos enceguecieron. Sus pasos parecían agotarse, observó una botella de agua, pero primero se topó con una silla en que cayó sentado. La misma perdió el equilibrio inmediatamente. Y Juan se hubiera ido de espaldas al suelo de no ser porque logró trabar sus piernas en una cama que se encontraba frente. Al restablecer la posición de la silla se sintió incómodo. La habitación estaba muy pero muy oscura, se percibía un olor a quemado y las paredes estaban impregnadas de hollín. Pero era una habitación casi vacía, no había nada más que la mesita donde estaba la botella, la silla en que se encontraba sentado Juan y la cama. Juan no había visto la cama y cuando la vio se asustó. Sentada en una posición bastante inusual una señora de mediana edad respiraba con inusual rapidez y fuerza. Su cara estaba llena de sudor y parecía estar bastante cansada. Sin embargo, y con gran esfuerzo le dio la bienvenida:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tiene pastillas para el dolor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si tuviera ya me las tomaría yo, pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No señora, no tengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lástima, porque me duele toda la vida, este pecho ya no sirve para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Juan le sorprendió esta afirmación, y se quedó mirándole un momento con cara de bobo. Y después de un largo momento de silencio pudo distinguir en el labio de la señora una mancha de sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo se llama señora?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Amanda Helkin, y ¿usted joven?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sintió el esfuerzo que hacía la dama para darle esta respuesta, parecía que su respiración se aceleraba aún más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Juan Piguabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni bien terminó de responder terminó de observar a la mujer y con más sorpresa observó que la mujer estaba embarazada y parecía ser ciega porque sus ojos estaban casi cerrados y se distinguía que no se habían abierto en mucho tiempo. No se enfocó más en su cara porque le sorprendió su barriga y verla en la cama, semidesnuda y con sus piernas abiertas. ¿A quién no le sorprende ver lo que siempre está tapado? Se asustó y se sintió solo, pensó que entrando encontraría la salvación pero en su lugar se encontró con alguien que no podía ni moverse. Alguien que no podía ver y que tampoco tenía quien le ayude. Alguien que estaba en iguales o peores condiciones que él. Pensó: Triste es que el guagua vaya a nacer en esta situación, una madre ciega y enferma que está sola en el bosque. Inmediatamente sintió una punzada en el pecho, como si le volvieran a dar una cuchillada. Delante de él, las contracciones de la mujer se hicieron más fuertes y pronto se pudo ver que el bebé ya estaba por venir. Hizo un último esfuerzo, se paró y camino hasta ponerse al lado de la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y ahora qué diablos voy a hacer? ¡Señora Helkin, espérese un rato que yo no soy partero!¡Pero escúcheme señora Helkin! ¡No se me vaya a desmayar señora Helkin!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero qué más voy a hacer si no hay quién le ayude, además ahí está saliendo la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ahora si me tocó ensuciarme las manos! Bueno, ayudémosle a venir al mundo a este bebé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y a mi quién me ayudará? ¡Esta herida me duele cada vez más!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, venga bebé. Que suave cabecita, también está resbalosa señora Helkin, pero que suave. Le juro que le estoy tratando con cuidado, usted siga pujando que aquí está con el experto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Pero que huevadas estoy hablando! No, ánimos son ánimos, pensó. La señora arrugaba la cara para pujar y lograr así que el bebé viniera a este mundo. Sin embargo cada vez se el veía más débil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Y ahora si me fregué porque los hombros son más anchos señora Helkin! ¡A, sí, leí en una revista que a los bebés se les gira para que pasen los hombros! Uy, pero que resbaloso el guagua, por lo escurridizo podría ser ladrón, y de los buenos. Pero señora usted no se preocupe porque todos hemos sido así. ¡Ya ve, ahora va saliendo el hombro izquierdo! ¡A! ¡Y el derecho también!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué emoción! Me haría partero si no fuera porque…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahora si ya va a salir señora, en pocas ya le ve a su guagua. ¡Qué emoción! Ya está en mis manos, ¡ya está! ¡No, no te resbales, no! ¡Que bueno que existan los pies!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque si mi mano no se trababa ahí, ¡jodidos! Pensó. La señora lucía exhausta, sudaba bastante y respiraba tan fuerte y trabado que Juan se sintió identificado. Y más aún cuando la señora escupió un poco de sangre en el suelo de tierra. Lucía muy pálida y se veía la dificultad para moverse porque ni siquiera podía secarse el sudor de la frente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Espérese señora Helkin! Le limpio y ya se lo paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sintió muy débil para caminar, rompió su camiseta y usó para limpiarle al bebé. Luego cogió una cobija que había en la parte inferior de la cama y lo cubrió con ella. Y por último extendió sus brazos como para entregarle a la ciega mujer que lucía bastante cansada, pero que sonreía. El también sonrió, detuvo sus brazos muy cerca del pecho de la mujer, miró al bebé, se acordó de su hijo, una lágrima salió de su ojo izquierdo y se lo entregó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tome señora Helkin, es un varón, ¿qué nombre le va a poner?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Póngale Juan!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cansada la señora respondió: Le pondré Bienvenido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Juan sintió un dolor de cabeza muy fuerte, sus ojos se nublaron por completo, su respiración pasó a ser muy forzada y sintió cómo si le apuñalaran por tercera vez, pero con toda la mala fe del Mundo. Miró la botella de agua, se acordó de su hijo y perdió el equilibrio, cayó diagonalmente y su cabeza golpeó contra el filo metálico de la cama. El ruido que causó fue fuerte, pero la mujer no lo escuchó porque el bebé lloraba por primera y última vez en sus brazos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16582217-113217857769596884?l=leyescrita.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://leyescrita.blogspot.com/feeds/113217857769596884/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16582217&amp;postID=113217857769596884&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/113217857769596884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/113217857769596884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://leyescrita.blogspot.com/2005/11/pasos-inciertos-final.html' title='Pasos Inciertos (Final)'/><author><name>leyescrita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00578123093872140867</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16582217.post-112636608838375915</id><published>2005-09-10T10:27:00.000-05:00</published><updated>2005-12-20T22:14:18.380-05:00</updated><title type='text'>Mentes que hacen Llover</title><content type='html'>Aquél rostro, cuyo color café oscuro evidenciaba el continuo contacto con los rayos del fuerte sol que diariamente se ocultaba tras las blancas nubes que cubrían aquél rincón de Aotearoa(en Maori, tierra de la larga blanca nube), contrastaba con una barba larga y cana que se desprendía fuerte y firme formando una especie de blanca estalactita en el inferior del rostro del hombre. Y si bien, dicho rostro ya era una extraña composición, aquellos ojos azules, que se observaban un tanto desteñidos a causa de la edad y del fuerte trajín, eran el detalle de su fisonomía que seguramente causaría dudas y parecería estar fuera de lugar. Evidentemente, si se analizaba cada detalle de la composición, todo descuadraba. Ese rostro había llegado a transformarse de tal forma con el paso de los años que cada detalle que lo componía no parecía cuadrar en forma alguna con el anterior. Pero aquel hombre había creado una armonía para dicho rostro. La manera en que él había desarrollado su vida creaba el pedestal que permitía que dicho rostro pudiese concordar dentro del todo que conformaba al hombre. El pueblo lo conocía, todos sabían quien era, su presencia era característica; todo lugar al que llegara cambiaba inmediatamente. De su ser había creado un personaje tan magnífico que inclusive el gobierno había reconocido su importante posición dentro de la sociedad. Se hablaba de su extravagancia, de sus milagros increíbles para lograr que lloviera en los desiertos más secos del mundo, se hablaba de sus discursos sobre su bien conocida teoría social y política, sus monólogos en la “Cathedral Square” de “Christchurch” eran conocidos alrededor de todo el país, e inclusive en los países vecinos. El era un atractivo turístico, todos querían ver a este hombre, saber como reaccionaría a las miradas, tratar de entender por qué motivo se paraba todos los días frente a la gótica catedral anglicana. Inclusive algunos iban con la idea de ver si podría hacer llover en uno de aquellos calientes días del verano. Y es que sus poderes en esta área habían sido investigados, solicitados y muchos se inventaban miles de historias alrededor de los mismos. Unos decían que sus manos viejas y arrugadas podían ionizar las gotas de agua para que se juntaran en grandes nubes y así cayera la lluvia. Otros decían que tenía un gran espejo con el que él y sus ayudantes podían causar tormentas. Inclusive contaban que había tranzado con un anciano Maori para que le concediera el don de llamar al agua, y que este le había regalado un jade brillante donde dicho don se encontraba guardado. Pero los más aventurados decían que había pactado con el diablo. De esta manera, este hombre misterioso se había desarrollado como un icono cultural. Y dicho icono contaba con ese rostro que era el elemento principal para desarrollar lo característico de este hombre, pues jamás hubiera podido lucir de manera tan perfecta aquella negra túnica cuyas anchas mangas chorreaban notoriamente por sus brazos. Sin ese rostro aquél negro y puntiagudo sombrero de bruja no le hubiera lucido tan bien. Sin ese rostro nadie lo hubiera conocido como el “Wizard of New Zealand” y no hubiera gozado de su categoría.&lt;br /&gt;Pero aunque todos lo hubieran conocido como un mago hecho y derecho, aunque todos lo conocían por aquella categoría que le había dado el gobierno, nadie en realidad sabía quien era ni como se llamaba el ciudadano que se escondía atrás de aquella negra túnica. Podían haberse escuchado sus teorías políticas y sociales, o haber escuchado todas las excentricidades de este personaje, ¿pero era esa la realidad escondida atrás de ese traje? ¿No sería tan sólo el rostro descuadrado y poco armonioso el que realmente mostraba la realidad del hombre escondido en ese traje? ¿Qué pasa si al mago le quitamos el traje y el reconocimiento social? ¿Podría alguien reconocer al mago si lo encontraba en la calle vestido con camisa y blue Jean? ¿Quién era y como se llamaba aquél hombre?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16582217-112636608838375915?l=leyescrita.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://leyescrita.blogspot.com/feeds/112636608838375915/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16582217&amp;postID=112636608838375915&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/112636608838375915'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/112636608838375915'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://leyescrita.blogspot.com/2005/09/mentes-que-hacen-llover.html' title='Mentes que hacen Llover'/><author><name>leyescrita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00578123093872140867</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16582217.post-112636595853761949</id><published>2005-09-10T10:24:00.000-05:00</published><updated>2005-09-10T10:25:58.540-05:00</updated><title type='text'>Masticando Arroz Duro</title><content type='html'>Chanfles Doña si me como el arroz duro y las cebollas tostadas y dos que tres sorbos de esta sopa media quemada que me acaba de servir, debería portarse también toda amable con esta criatura de dios que se encuentra sentada en su mesa y donarle el dinero pa que pueda hacerse aquella regresión que tanto ha anhelado durante toda su vida. Doña, usted no debería pensar en cualquier atrocidad que pueda suceder, una regresión es tan solo un profundizar la mente del hombre y ver que cachambas hay ahí adentro. Me han dicho que es increíble doña, que las cosas que se pueden ver son súper que poderosas y que se sienten como si fueran de verdad. ¿Doña, no se siente usted especial cuando se realiza esos baños con aceites todos los viernes? ¿No se siente usted toda poderosa y bella? ¿No le dio curiosidad de sentir esas sensaciones cuando le contaron de su existencia? Doña la vida es preciosa y si usted cree que hay cosas especiales que usted puede hacer, no hay porque evitarlas, el miedo a lo desconocido siempre existirá Doña, el miedo a lo desconocido es inevitable. Recuerde a mi tío pajarito que vivía en las montañas y que soñaba toda su vida con volar. El día que se enteró de la existencia de el paracaídas no dudó en hacerlo, lástima que haya caído ochocientos noventa y seis metros en barrena y que se haya roto todos los huesos, por suerte cayo encima de unos arbustos doña, por suerte, y por esa misma razón pudo vivir todo el resto de su vida paralítico. Pero debe pensar fuertemente en el hecho de que fue feliz porque había cumplido su sueño. Doña, las cosas se dan cuando se deben dar y se dan porque uno quiso.&lt;br /&gt;No se crea Doña que yo no pienso en que puede pasarme algo, Doña es inevitable pensar en lo que puede suceder, pero siempre hay que pensar en lo que realmente se quiere. Y si la curiosidad mato al gato, es culpa del gato por ser tan curioso, usted Doña no debería evitar que haga algo que yo deseo con todo mi corazón. Y si usted cree que me puede degenerar el hacerme una regresión y que puedo empezar a pensar que pueden existir un sinfín de vidas pasadas que han marcado este futuro en el que me encuentro varado, no se preocupe, porque yo no creo en otras vidas, mi vida es esta y es la única que tengo, se que cuando me someto a una regresión, someto mi mente a un experimento especial que devela toda mi forma de ser y pensar más profunda. Usted sabe Doña que, con los pocos años de vida que he compartido con usted he aprendido todas las cosas que usted ha podido enseñar con su experiencia de vida. Doña, doña, la vida que usted me dio y la mente en que usted construyó un edificio muy sólido no se derrumbaran con este acto, las cosas que uno hace dan más experiencia y hay experiencias que se requieren para entender y aprender. Si usted sigue creyendo que el don murió por lo que las cartas de la bruja Charlotte le dijeron, está en lo incorrecto. El don se suicidó porque se deprimió por el hecho de que esas cartas le dijeran que se iba a morir y se alcoholizo de tal manera que su depresión acabó por llevarlo al suicidio, aunque nadie lo crea así, eso es lo que pasó. Doña, la superstición no lleva a ningún lado, mentes poderosas son las que han llevado a las buenas acciones que han construido lo bueno de este mundo.&lt;br /&gt;Acontece que si el tío Lucas no se hubiera operado de los ojos, a pesar del gran temor que lo acoso las tres semanas posteriores a su decisión de operarse y anteriores a la operación, el tío Lucas fuera un fracasado, porque gracias a esos ojos es un gran pintor y escultor. El tío Lucas si que fue vivo al operarse los ojos y derrotar a todos esos monstruos que lo trataban de frenar a hacerlo. Puede que yo no requiera la regresión para nada Doña, puede que no, pero es muy probable que las cosas que pasarán luego de esta sean muy especiales de verdad, puede ser que me fortalezca y entienda muchas cosas que de momento no entiendo. Hay momentos en que se que hay cosas en mi interior que necesitan salir, pero que no puedo sacarlas ni encontrarlas, eso busco en esta regresión. Ahora Doña, después de este discurso que le he dado como cuasi-hombre le sugiero que diga que si porque no se va a arrepentir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16582217-112636595853761949?l=leyescrita.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://leyescrita.blogspot.com/feeds/112636595853761949/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16582217&amp;postID=112636595853761949&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/112636595853761949'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/112636595853761949'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://leyescrita.blogspot.com/2005/09/masticando-arroz-duro.html' title='Masticando Arroz Duro'/><author><name>leyescrita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00578123093872140867</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16582217.post-112636540870106416</id><published>2005-09-10T10:13:00.000-05:00</published><updated>2005-09-10T10:16:48.710-05:00</updated><title type='text'>El Hombre que Nunca Volvió</title><content type='html'>Caminaba por el parque recogiendo cualquier cosa que pudiera tener valor tanto para su alimentación cuanto para su vida. Observó unos restos de un plato de hornado e inmediatamente se interesó por el llapingacho.  A causa de este avistó la cantidad de gente que se encontraba sentada en aquel parque y le dio miedo de que pudieran llegar antes que el y quitarle ese manjar, que aunque era una sobra, algo que alguien había despreciado, era valioso para su estómago que no había comido en más de 5 días, y en este caso era como llegar al paraíso porque se trataba de su plato favorito. Su mente procesó todos estos datos y le surgió una prisa increíble, su cuerpo, de más de 70 años empezó a sacar fuerzas de donde ya no había, y sus caderas ya casi desgastadas y que continuamente le causaban un dolor infinito al andar ocultaron el dolor, sus pies, que tenían una serie de ampollas por tanto caminar con esos zapatos completamente desgastados, parecieron estar protegidos por una suela especial, hasta ese bastón de palo de escoba con el que continuamente se apoyaba para moverse sacó unas fuerzas mágicas que le dieron al viejo energía suficiente para andar al paso más rápido que podía permitirse. Fue increíble, no dio ni un tropezón, se acercó a las gradas rápidamente y al llegar al pie de estas, saltó la primera y la segunda y se encontró frente a ese plato lleno de sobras. Sin pensar en nada, creó un gancho con su mano y lo dirigió al llapingacho tan rápido como un leopardo persigue a su presa, y una vez que lo tuvo en su mano se lo llevó a la boca y se lo tragó sin ni siquiera saborearlo. ¿Si ya lo había saboreado tantas veces, para que saborear en un momento de tanto apuro? Y el apuro no importó ya que una vez tragado se sació de tal forma que no quiso recoger nada más, aunque supiera que había tantos desperdicios que le pudieran ser muy útiles.&lt;br /&gt;            Sin embargo subió las dos gradas que le faltaba para llegar al descanso que lo situaría frente a los escalones que guiaban a la puerta de la Iglesia. En ese momento giró su cuerpo 180° y sus ojos se transformaron de un negro muy oscuro a un verde tan brillante que se asemejaba a aquellas estrellas que acababan de desaparecer unos minutos antes. Pero tanto como se realizaba un milagro en el cambio de color de sus ojos, estos mismos causaron un milagro interior. Dejó de observar el parque lleno de borrachos y gente tirada por todos lados tratando de descansar, repleto de mercaderes por todas las calles principales que guiaban a dicho parque, saturado por una bulla molesta que salía y se encontraba dentro de esos cuerpos inconformes. Lo que observó se remontaba a 40 años antes, a épocas de tranquilidad y juventud. Todo el mundo llegaba al parque cantando y rezando y ninguno, por más que no le pareciera, dejaba de hacerlo, todos sentían algo especial. No había mercaderes por ningún lado, pero si se divisaba un borracho que se tambaleaba en un poste que se encontraba en la esquina contraria a aquella por la que llegaba toda esta gente. Y el borracho tenía un plato de llapingachos en la mano, pero parecía estar desesperado porque no podía comérselos. Luego observó que la gente desapareció y la plaza quedó vacía, el borracho terminó por caer dormido encima de los llapingachos; el viejo había reconocido al borracho pero igual pensó: “Que porquería de hombre”. Por último llegó del vació un hombre, que parecía que cambiaba a socorrerlo, pero caso contrario, lo asaltó y atacó fuertemente en las piernas. El borracho se encontraba realmente herido y se advertía que no podría recuperarse, que ese pueblo sería su hogar eterno. Y que mala suerte, porque aquel borracho había causado que ese pueblo haya llegado a ser como era actualmente, un mercado en que la fe no se encuentra presente más y los corazones buenos escasean, un pueblo para los ladrones.&lt;br /&gt;            Entonces retornó a la actualidad y se sintió culpable. El no creía en ningún Dios y muchas veces se había preguntado por que razón le había tocado quedarse ahí. 40 años de su vida se lo había preguntado y esos 40 años solo habían incluido respuestas que involucraban al Dios por el que todos se acercaban allá, a pesar de que solo fuera puro interés. Muchas de esas personas solo se acercaban como otro ladrón que trataba de robarle a Dios. Y al pensar en ese Dios le urgió en el alma sentirse poderoso, por esta razón decidió dar un discurso a todos los hombres que se encontraban tirados en ese parque puerco demostrando su poco amor al Dios por el que decían estar ahí. Fue cuando empezó a decir: “Miren a su alrededor amigos, miren a su alrededor, ¿Qué ven? Yo advierto demasiado mercader y eso me incomoda, yo distingo mucha basura y eso me molesta.” Calló un momento para ver cuantos le estaban atendiendo, lo que se reflejó en el inmediato silencio que sucedió a la mudez del mendigo. Razón por la que continuó diciendo: “Llegué acá hace cuarenta años y era uno de esos borrachos que se encuentran tirados en el piso a causa de cuanta bebida han ingerido en la “peregrinación” a este lugar. Y he aprendido muchas cosas al encontrarme tanto tiempo atrapado en este pueblo a causa de mi estado de vagabundo. Sin embargo no quisiera tener nada más porque mi Dios me lo ha pedido. Ustedes dicen venir por un buen propósito pero mírense y echen un vistazo a su alrededor, miren toda la basura, toda la basura de gente, toda la basura de ventas, toda la basura de alcohol, toda la basura de religión. ¿Creen que es creer en un Dios el venir solo por si acaso pase algo si no voy? Eso es basura, y ustedes son quienes deben ayudarle a Dios a limpiar este lugar. Y lo primero que se debe hacer es copiar a Jesús y empezar por botar a los mercaderes de este templo tal cual él lo hizo. Segundo, volver a este lugar solo si vienen con verdadera fe y entrega a Dios, y tercero, entender que la religión está en uno mismo y no en la Virgen, Jesús y los santos. Ahora si, manos a la obra, que mi Dios espera una reacción suya si quieren que sea también su Dios, porque de la manera que se han comportado, no han demostrado que lo sea.”&lt;br /&gt;            Inmediatamente se observó un miedo claro en los mercaderes, sus ojos temblaban claramente y no dejaban de moverse, a ver si la gente empezaba a moverse. Y la gente no se movía porque se había quedando viendo al mendigo, porque era tan pequeño y daba tanto asco antes de que hablara, y ahora Dios estaba en el. Fue un momento largo, el mendigo continuó parado viendo al cielo, inspirando una fuerza especial, pero el pueblo no dejó de mirar al mendigo hasta que un borracho dijo en una voz bastante fuerte pero trabada: “¡No le oyeron chucha, votemos a los vendedores!” Entonces todos se empezaron a parar y los comerciantes decidieron correr porque tenían miedo de que les hicieran algo. Inmediatamente el mendigo dijo: “Empaquen la mercadería y que nadie toque nada porque nos encontramos frente a nuestro Dios y esto es para que sea respetado, por cuanto no se puede irrespetar a nadie.” Era increíble que todos se encontraran haciéndole caso a un mendigo al que nunca le habían dado un centavo y era extraordinario que la gente por fin escuchara a su Dios. En realidad lo que tenía el mendigo era una inspiración divina a causa de la que hablaba como los poderosos a pesar de ser un mendigo que no tenía poder alguno, y gracias a dicha inspiración le escucharon.&lt;br /&gt;            Tras observar que las cosas se daban de la mejor manera el mendigo se dio la vuelta con la idea de entrar en la iglesia, pero ni bien lo trato el prioste se le acercó y le extendió la mano en señal de agradecimiento diciéndole: “Hermano, usted ha obrado para el bien de Dios, por fin nos liberamos de las ventas ambulantes.” Sin embargo el mendigo no parecía estar contento y le respondió: “Usted también tiene una venta ambulante padre al aprovecharse de este santuario y sacar plata de todas las maneras, una vez me confesé aquí y de penitencia me mandaron a pagar una misa por mi alma, ¿No le parece una venta ambulante? Le pudiera decir mil cosas más padre, pero no es necesario.” El sacerdote se calló un rato y parecía estar meditando fuertemente estas palabras del mendigo hasta que llegó a darse cuenta de que este tenía razón. Por último cambió de tema y le preguntó: “¿Hermano, no quiere una ayuda? Usted ha hecho un favor al santuario.” A lo que inmediatamente el mendigo respondió: “No padre, yo he aprendido a abandonarme a Dios en mi pobreza y estas últimas palabras las he dicho porque estos años como mendigo me han enseñado muchas cosas sobre este lugar y sobre mi vida, yo instauré esto, yo debí borrarlo. Alguien más puede necesitar esa ayuda, entréguesela.” El padre, desconcertado y sin saber que decir estaba pensando en decirle adiós, y darse la vuelta, pero observó que el mendigo observaba la cruz que tenía el padre en su pecho y se llevaba la mano al corazón, su cara palidecía, cayendo posteriormente hacia atrás, sin nada que lo detenga. Muchos curiosos se acercaron a ver que pasaba y el cura trató de ver el pulso del hombre, pero fue un intento vano porque no se sentía nada, estaba muerto. El sacerdote no supo que hacer e inmediatamente desapareció. Poco a poco el resto de gente que se hallaba en el parque empezó a seguir la iniciativa del sacerdote por el hecho de que nadie sabía como actuar. De esta manera el parque quedó desierto en unos segundos y el mendigo quedó abandonado en el lecho de su muerte.&lt;br /&gt;            Inmediatamente el cielo, que unos minutos antes se encontraba reluciendo con un sol de mediodía, se oscureció y una tempestad inclemente empezó a caer. Las gotas no eran normales y esta lluvia caía tan fuerte como una cascada; fue un milagro que ningún techo se desplomara, ni ninguna casa se inundara. Todo el pueblo parecía estar muy asustado, los techos sonaban de manera sorprendente y en las paredes se oía el continuo golpear del agua lateralmente. Nadie hablaba, las madres les decían a sus hijos que se callaran, porque una palabra podía causar que los techos temblaran y se vinieran abajo. La bulla de las ventas que se daba unas horas antes había sido reemplazada por la bulla de la naturaleza. Sin embargo, lo más grave estaba por pasar, el pueblo se inundó de manera brutal a causa del mal alcantarillado. Toda la basura que había por todo el pueblo a causa de las ventas empezó a flotar por todo lado. La gente tuvo que salir de sus casas a los tumbados y empezar a aguantarse el fuerte golpear de esa lluvia endiablada en su piel. Era asombroso, unos momentos antes todos se encontraban disfrutando de la fiesta, ahora todos se encontraban luchando por su vida. Los borrachos empezaban a aparecer por sus casas, tratando de nadar con las pocas fuerzas que les quedaba para no ahogarse, los sacerdotes le rezaban de verdad a su virgen ofreciéndole que cambiarían la manera de actuar dentro de su santuario. Pero el mendigo yacía en el fondo de las aguas, en el mismo lugar donde había muerto, con una gran sonrisa en la cara.&lt;br /&gt;            El agua continuó cayendo tan fuerte por 5 horas, ya solo vivían las personas que habían logrado nadar hasta el tumbado de la iglesia, ningún otro techo del pueblo se podía ver. El paraje estaba desolado. Pero bajo el agua las cosas seguían iguales, la virgen, que no había podido ser retirada de su puesto, seguía bajo las aguas, y el mendigo continuaba en el mismo lugar, pero ahora parecía no solo tener una cara de felicidad, parecía también tener una cara de tranquilidad. El nivel de las aguas bajó lentamente durante la semana siguiente a la tormenta. El problema del pueblo era que se hallaba en un valle y tenía un sistema de alcantarillado muy ineficiente. Por lo que ahora que las aguas habían caído tan fuerte, este pueblo se había transformado en una laguna. Inclusive se pudo observar que los ciudadanos del pueblo empezaron a transportarse en unas canoas, y que los niños se pasaban nadando todo el día con unas boyas y unas pelotas, de esas que venden en las piscinas públicas. Pero un hecho raro ocurrió, el cargo de conciencia empezó a golpear a la población y todos estaban preocupados por el mendigo, ellos lo habían dejado tirado ahí abajo y les preocupaba el futuro de su cuerpo.&lt;br /&gt;            Pasaron los días y las noches y el nivel parecía bajar poco a poco. Pero una mañana, pasada la noche en que toda la gente del pueblo durmió muy profundamente, un niño despertó a todo el pueblo gritando: “¡Ya no hay agua, ya no hay mendigo, el pueblo se ha jodido!” Inmediatamente todos corrieron al lugar donde había muerto el mendigo y se sorprendieron al ver que había crecido un entramado muy fuerte de anturios. Un hombre empezó a cortar las flores con el machete para buscar el cuerpo del mendigo, pero no pudo hacer nada porque las flores parecían crecer de nuevo y no se podía llegar al lugar en que se encontraba el cuerpo. Razón por la que se convocó a todos los hombres del pueblo, hasta los sacerdotes, para que se unieran a la tarea de limpiar todas las flores. Pero una vez limpio el lugar no encontraron nada, caso contrario, crecieron unas flores diferentes en medio del resto, que volvieron a crecer incluso más grandes que antes, eran unos Cartuchos, y estos crecían en medio de un rectángulo de anturios. Todos estaban sorprendidos, nadie sabía que podían significar. Pero inmediatamente a un niño que todavía se encontraba en los techos dijo: “Es un corazón blanco en el medio de un rectángulo rojo.” Sin embargo todos seguían buscando al mendigo porque se sentían culpables de haberlo abandonado. Lo que debían aceptar es que el mendigo ya no estaba y que su conciencia los estorbaría eternamente porque no supieron buscarlo cuando era posible. El mendigo siempre se encontraría en el pueblo y las flores que lo representaban nunca se morirían. Respetar el pueblo y a la Virgen eran la única manera de atenuar la manera en que trataron al mendigo durante la tormenta y a la Virgen durante sus fiestas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16582217-112636540870106416?l=leyescrita.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://leyescrita.blogspot.com/feeds/112636540870106416/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16582217&amp;postID=112636540870106416&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/112636540870106416'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16582217/posts/default/112636540870106416'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://leyescrita.blogspot.com/2005/09/el-hombre-que-nunca-volvi.html' title='El Hombre que Nunca Volvió'/><author><name>leyescrita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00578123093872140867</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
